jueves, 4 de junio de 2009
miércoles, 3 de junio de 2009
SASHA GREY_la princesita hardcore
Cómo la más grande estrella XXX actual, lectora de Nietzsche, pasó a ser la protagonista del próximo film de Steven Soderbergh.
Sasha Grey, en la avant premiere de The Girlfriend Experience, de Steven Soderbergh. Foto de Corbis.
Los antecedentes eran pocos, pero muy conocidos: Traci Lords y su pepel en Cry Baby de John Waters, Jenna Haze y Aurora Snow en Supercool y Stormy Daniels en Virgen a los 40 y Embarazados. También Rob Zombie reclutó a la mítica Ginger Lynn para The Devil's Rejects. Pero que un director de la talla de Steven Soderbergh, ganador de un Oscar en 2001 como mejor director por Traffic, reclute a una estrella XXX como Sasha Grey para protagonizar The Girlfriend Expericence, es un caso sin precedentes en la cinematografía major. Una hazaña para alguien que fue celebrada como la Mejor Intérprete Femenina Porno de 2008 por Adult Video News, y también una musa para las estrellas de rock (aparece en los videos de "Superchrist" de Smashing Pumpkins y "Birthday Day" de The Roots, además de colaborar con la estrella dub Lee Perry y con los post folk industriales de Current 93). "Me encanta que Sasha sea intimidante, poderosa e introspectiva", dice el guitarrista Dave Navarro, que cambió la música por el porno y la dirigió en su película Broken. Ahora, Navarro es comanager de su carrera. "Cuando estás cerca de ella, no sabés en qué está pensando, pero querés saberlo."
En el futuro, Grey probablemente libre muchas batallas contra la sociedad, pero ahora está persiguiendo una sola: la liberación de la sexualidad femenina. "Quiero decirles a las chicas jóvenes que el sexo está bien", dice. "Está bien ser una puta. No tienen que avergonzarse por eso. La gente cree que las mujeres jóvenes no pueden entender el sexo, que habrá consecuencias por nuestras acciones, pero podemos ser tan analíticas como cualquiera." Grey se ve a sí misma en un futuro como una Camille Paglia del arte performático, explotando las categorizaciones de la segunda generación de feministas y los íconos pop como Tyra Banks, que asegura que las mujeres del porno son en su mayoría víctimas de abuso sexual. Tina Fey aportó lo suyo, sobre las modelos de Playboy: "No lo hacen por dinero", dijo en Weekend Update. "Lo hacen porque fueron abusadas por un amigo de la familia."
En cuanto al abuso sexual, Grey insiste en que ella nunca lo sufrió a manos de nadie. "Soy una pervertida", dice. "Si estoy trabajando algunos asuntos míos a través del porno, es mi bronca con la sociedad por no ser más abiertos con respecto al sexo." En cámara es vulgar y agresiva, le grita a sus compañeros de escena que vayan "más a fondo" y "más fuerte" (se hizo famosa por pedirle a un compañero que le pegue una trompada en el estómago durante su escena debut en el porno), y se burla del porno softcore, diciendo que sólo sirve para una "ama de casa que toma Valium". Puede enumerar sus tabúes rápidamente -violaciones simuladas, eyaculación de actores dentro de su vagina, dedos de actores en su vagina, cachetazos en los pechos, juego fecal, animales y niños-, lo cual significa que todo el resto es en gran medida aceptado. Alega tener orgasmos genuinos al menos tres de cuatro veces en el set. "Muchas chicas en el porno lo simulan, pero nunca enganché a Sasha haciendo eso", dice Randy Spears, actor porno. "Cuando dice cosas duras en cámara, las dice en serio, porque está tratando de matarnos. En ese momento, eso es lo que necesita para acabar."
Por Vanesa GrigoriadisThe Beatles Rock Band
Se viene The Beatles Rock Band
El videogame de los Fab Four, sale a la venta el 09//09/09.
Los Beatles, tal como se los ve en su versión del Rock Band.
Desde hace tiempo venimos anticipando sobre The Beatles Rock Band, el primer video juego autorizado por la banda de Liverpool. Y teniendo en cuenta que ya se anticipó en una convención de Microsoft en Los Angeles, con la presencia de Ringo Starr, Paul McCartney, Yoko Ono y Olivia y Dhani Harrison, ya trascendieron alguna características del juego.
The Beatles Rock Band saldrá a la venta el próximo 9 de septiembre, el mismo día en el que se publicarán, por primera vez, todos sus discos en CD remasterizados, y estará disponible para usuarios de PlayStation 3, Xbox 360 y Wii. Dhani Harrison fue el encargado de supervisar el game, que contará con 45 canciones del grupo, repasando toda su carrera, desde sus shows en The Cavern a su despedida en la terraza de Apple Records. "All you need is love" será un bonus descargable exclusivo para propietarios de Xbox, y las regalías de su venta serán donados a la ONG Médicos sin fronteras. Y quienes compren The Beatles Rock Band podrán "bajarse" de forma gratuita todo el disco Abbey Road. Los Beatles, de lleno en la era digital.
trailer de The Beatles Rock Band
trailer de la conferencia de prensa
lunes, 1 de junio de 2009
FEDERICO ANDAHAZI Y LAS REACCIONES ARGENTINAS CON PECADO CONCEBIDA

“Hablar de sexualidad y de poder es hablar de política”
El segundo volumen de su Historia sexual de los argentinos fue demasiado para personajes como Jorge Bernal, del Instituto Belgraniano del Chaco, y el neonazi Antonio Caponnetto, célebre por impulsar protestas contra la muestra de León Ferrari en Recoleta.
Por Silvina Friera
Los “guardianes del pasado” –presentarse de esta manera, como lo hace Jorge Bernal, presidente del Instituto Belgraniano del Chaco (ver aparte), invita de entrada a sentirse espantado– son auténticos cruzados que no pueden soportar que alguien exhiba las manchas o grietas en el mármol o en el bronce de los próceres que ellos custodian con un esmero rayano en lo ridículo. Flaco favor le hace a Manuel Belgrano el texto de Bernal en el que sugiere que fusilen a Federico Andahazi. La razón de esta “sentencia” a muerte es un ensayo que no debiera incomodar tanto a esta altura del partido, pero que está generando algunos sobresaltos en los sectores más rancios: Argentina con pecado concebida (Planeta), el segundo tomo de la Historia sexual de los argentinos, que abarca desde la Revolución de Mayo hasta el golpe de 1930, un libro que “para sostenerlo, para leerlo hay que usar látex y barbijo”, según Bernal. La tapa está ilustrada con una iconografía de Belgrano, el óleo pintado por Carbonier en Londres en 1815, pero “el custodio ejemplar” observa, escandalizado, que lejos de utilizarse el cuadro completo, la imagen quedó recortada hacia “las zonas bajas” del creador de la bandera argentina.
El escritor plantea en el primer capítulo que “el modo en que ejercieron el poder muchos de nuestros próceres sólo se comprende a la luz de la forma en que ejercieron el sexo”. San Martín tuvo un romance apasionado con Rosa Campusano, una de las mujeres más hermosas de Lima (Perú) –“por cuya cama había pasado medio ejército realista”–, una espía y patriota que logró gracias a su cuerpo neutralizar al escuadrón realista. Sarmiento, con una honestidad brutal, declaraba entre sus gastos los destinados a las “orgías” en los viajes que realizó por Europa, y admitía, en una carta, que había tenido una erección ante Mariquita Sánchez de Thompson. Rosas y Roca tuvieron mujeres cautivas con las que tuvieron hijos. Andahazi dice que entiende que escribir sobre historia no sea fácil, “que es revivir las luchas del pasado, las guerras civiles entre los unitarios y federales, que siguen presentes incluso en la política actual”. Hablar de historia implica, bien lo sabe el escritor que no para de recibir mails amenazantes, meterse en el terreno de la polémica, aunque aclare en el libro y en la entrevista con Página/12 que no lo impulsó a escribir “el ánimo morboso de hurgar debajo de las cobijas de aquellos que forjaron la historia de la nación”.
“Hablar de sexualidad y de poder es hablar de política. Nosotros somos hijos de un entramado de relaciones sexuales, y en la medida en que uno desconoce cómo se fue generando esa trama, mal puede conocer la historia de ese Estado. Detrás de toda política de Estado hay una política sexual. Si examinamos cómo fue la historia de la apropiación del continente americano, los conquistadores llevaron adelante una política de corte sexual que fue el mestizaje, que consistió en última instancia en la violación sistemática de las aborígenes por parte de los ‘adelantados’ para de esa forma extender la sangre española, pero sin dejar a esos hijos ningún tipo de derechos ni herencia”, señala el autor de El anatomista. Andahazi opina que la forma en que se consolidaron las oligarquías en el país fue a través de “pactos sexuales entre familias”. La política detrás de estas alianzas, explica el escritor, consistía en que la mayor cantidad de extensión de tierras quedara en manos de la menor cantidad posible de familias. “Es necio, insisto, no ver el peso que tiene la sexualidad dentro de la historia. No puedo creer que los historiadores que se llaman progresistas nieguen la importancia de la sexualidad en el devenir de la civilización. Durante mucho tiempo hubo un gran afán de ocultar ciertas conductas.” En ese sentido, Sarmiento fue una excepción a esa regla del ocultamiento. “Yo tuve en mis manos esas listas con los gastos de Sarmiento, que además las publicó en su libro de viajes, y el tipo está en París y transcribe que gasta en café, en un almuerzo, en un paseo y en orgías. Es mucho más saludable esta actitud que poner en última instancia ‘gastos de representación’. Esta tendencia de Sarmiento a hablar sin tapujos sobre sexualidad no es ajena al hecho de que fuera escritor”, sugiere Andahazi.
Tanto Juan Manuel de Rosas como Julio Argentino Roca tuvieron una “destacada actuación” en la liberación de mujeres cautivas (blancas secuestradas por los indios), pero “sin raspar demasiado la historia –-observa Andahazi– encontrás que Rosas tuvo su cautiva o que Roca secuestró a una mujer y la violó sistemáticamente durante dos semanas, hasta dejarla embarazada y devolverla a sus padres”. Para el escritor, el caso de Rosas es el más extremo. “El austríaco Josef Fritzl es el gran paradigma del padre que abusa de sus hijas. Pero en realidad el arquetipo más lejano en la historia argentina es Rosas, con varios agravantes –dispara–. Rosas recibe a Eugenia Castro porque se la da en adopción un camarada de armas que se estaba muriendo, y él le promete hacerse cargo, adoptarla, ser un padre. Pero lejos de educarla, de darle lo que un padre tiene que darle a un hijo, la escondió en su quinta de Palermo, la violó sistemáticamente, tuvo seis o siete hijos con esta chica, según distintas versiones, y no les dio educación a esos hijos. Las cartas de Eugenia Castro son desgarradoras; le dice a Rosas ‘querido papá’, al hombre que la violó sistemáticamente. Además, en esas cartas se puede ver que Eugenia no tenía ningún tipo de educación, que era semianalfabeta, de manera que uno ya sabe dónde encontrar estos arquetipos. Es notable porque parece un caso calcado de Fritzl.” Otro de los indignados, en este caso por meterse con Rosas, es Antonio Caponnetto, director de la revista nazi Cabildo, uno de los “pioneros” en promover incidentes en una exposición del artista León Ferrari, que califica al libro del escritor de “porno cipayismo” en el blog Santa Iglesia Militante, subtitulado de manera tremebunda con el leitmotiv “peregrinos en combate” (ver aparte).
“Siempre se les pidió a las clases bajas una moral que las clases altas no tenían. El caso de Rosas con Eugenia Castro era conocido por todos, incluso por los opositores a Rosas. Sin embargo, había ciertas cuestiones en las que se practicaba un silencio cómplice porque todos tenían literalmente su muerto en el placard, no sólo Aurelia Vélez”, ironiza el escritor. El caso más paradigmático de la época de Rosas fue el asesinato de Camila O’Gorman y de Ladislao Gutiérrez, “una historia terrible, donde los únicos buenos son ellos porque el resto tuvo una actitud miserable”. “El propio Sarmiento, gran opositor a Rosas, denuncia que la relación de Camila con Ladislao era producto de ese régimen patológico de Rosas, tirando leña a la hoguera sobre la cual iban a fusilar a Camila y Ladislao –recuerda Andahazi–. El decreto que sentenciaba a muerte a Camila y a Ladislao lo firmó Vélez Sarsfield, el padre del Código Civil. Pero lo curioso y lo paradójico es que si hubiera tenido que juzgar a su propia hija, Aurelia, la debía haber fusilado porque su propia hija no solamente tuvo por amante a Sarmiento sino que tuvo un amante en el placard, al cual su marido terminó matando a balazos.”
La historia que más sorprendió al escritor fue la de Roque Sáenz Peña. “El se reencontró con una amiga de la infancia, se enamoró en secreto y mantuvieron un romance muy apasionado. En realidad, cuando el padre se enteró del romance, le confesó que esa joven era su hija, es decir la hermana de Roque –repasa el escritor–. Acá se cumplen todas las premisas de la tragedia. Roque decide ir a buscar la muerte a la guerra del Perú, porque además tenía que morir en forma digna. Pero tuvo una actuación tan destacada en esa guerra, que ése iba a ser el primer peldaño de un escalón que lo iba a llevar a la presidencia de la Argentina. Es una historia que está hecha de la materia de la mitología y la tragedia griega.” Un personaje retratado con una “tensa simpatía” por Andahazi es el excéntrico Eugenio Cambaceres, “uno de los escritores más controvertidos de la literatura argentina, y, sin dudas, quien más polémicas y revuelos provocó en su época”. Parecería que el autor de El anatomista le estuviera rindiendo un moderado tributo al autor de Sin rumbo. “Tengo una relación ambigua con él –admite–. A Cambaceres se lo acusó de pornógrafo y tuvo varias señoras de Fortabat. A veces los escritores argentinos somos un poco ingratos con nuestros colegas de todas las épocas. Entonces no quería cometer esa ingratitud con Cambaceres. Hay dos capítulos en el libro que son un homenaje a Cambaceres, con todo lo que eso implica porque tenía todas las taras de su clase, no dejaba de ser un aristócrata. Pero era lo que había, y la verdad es que era un gran escritor y tuvo una vida por lo menos muy divertida.”
El paradigma de la “doble o triple moral”, cuenta Andahazi, es Hipólito Yrigoyen. “Hasta hoy se lo conoce como el paladín del civismo y la moral. El fue profesor de Educación Cívica y Moral, de apariencia impoluta e incorruptible, pero era tremendo. Una vez se espantó porque una alumna osó decir la palabra ‘poligamia’ en su clase. Y el propio Yrigoyen tenía cuatro mujeres y una cantidad de hijos incontables. Tenía una poligamia muy ordenada, eso sí, porque le dejaba la ropa para lavar a unas de sus mujeres pero se iba a pasar la noche con otra –bromea el escritor–. Después de que esa alumna nombró la palabra ‘poligamia’, otra alumna empezó a llorar y salió corriendo del aula. Lo que muchos ignoraban era que esta chica que se fue llorando estaba embarazada del profesor, y la que narra esta historia fue nada menos que Alicia Moreau de Justo, testigo de esta relación.” Andahazi está escribiendo el tercer tomo de esta Historia sexual de los argentinos, que arrancará en 1930 y llegará hasta el menemismo. “Estoy consiguiendo mucho material sobre los jerarcas de la dictadura –anticipa–. Cuando se declaman ciertos valores y se desgarran las vestiduras ciertos personajes, hay que ver qué se está tapando con esos gritos y esos gestos tan ampulosos. Creo que la dictadura militar tiene una arista siniestra. Es un período en el que se ocultaron muchísimas más cosas de las que uno supone.”
LA ALDEA DE LOS NIÑOS

¿Alguien vio la luz de la aldea
de los niños que escriben en el cielo?
Spinetta, 1981
Por Eduardo Fabregat
No hace falta entrar en el trillado debate de si era mejor o peor, que las bolitas y el autito con plastilina y cuchara, Viendo a Biondi y Piluso invitando a tomar la leche. No vale la pena. “Mañana es mejor”, dijo el mismo autor de la frase del comienzo, aunque abundan los días en que se disparan dudas al respecto. La cuestión es que ya tenemos naturalizado el complejo universo en el que se mueven los pibes, porque llevarle la contra es exponerse a un diálogo de sordos, y porque lo que sucede tiene tal prepotencia y tal presencia que no ofrece mucho escape y hay que negociar. Se puede repudiar, sí, el carácter idiota de los Power Rangers, pero poco se podrá hacer para evitar el efecto contagio que produce tantos moretones entre niños que descargan algo de su inagotable energía en lanzarse patadas (y por otra parte: en Pucca también se tiran patadas, pero difícil resistirse a su lisérgico encanto). Se puede analizar por enésima vez la tiranía estética de Barbie, pero los ojos de una niña deseando un juguete son cosa difícil de resistir. Y además lo educativo, aunque tranquilice nuestra conciencia, tiene sus deformidades. Programas televisivos como Dora la Exploradora, Go Diego Go!, Pinky Dinky Doo o La casa de Mickey Mouse introducen la variante de la “línea de puntos”, espacios de silencio para que el pequeño espectador responda a las consignas. Y uno ve al botija practicando spanglish con Dora y con Manny a la obra, contestando animadamente las preguntas del Pato Donald (a quien por fin se le entiende algo), y se le ocurre que Ariel Dorfman debe andar medio estupefacto.
Aunque inútil, el juego de las diferencias tiene su gracia. En un post reciente, el blog Solo quince minutos (soloquincemi nutos.blogspot.com) rescató un clip de Telejuegos, el programa que conducía Cecil Charré (y su perro Alfonso): allí se ve a Magdalena y Bernardo Bergeret Jr. –hijos del inventor de Jazzy Mel y The Sacados, hoy funcionario del Incaa– cantando el “Tema de Gomma Gomma”, y también una bizarra “Discoteca de Telejuegos” que oficia como período precámbrico de Bailando Kids. La infraproducción de entonces y la megaproducción de Tinelli se tocan, sin embargo, en la cosificación del chico, su utilización como gancho de rating. El ruido de los imitadores de políticos hizo que no quedaran tan expuestas las aberraciones del concurso de baile (“jueces” hablando de las condiciones para vedette de niñas pintadas y ataviadas como tales, ensalzando lo sexy que les sale el perreo del reggaetón), pero las barbaridades existieron y siguen saliendo al aire cada viernes. El Estado, que debe tomar cartas en asuntos que afectan la integridad de la niñez, no quiso exponerse a que lo acusaran de estar tomando revancha por Gran Cuñado: el Comfer inició una de esas investigaciones que no terminan en nada relevante, y ahí quedó todo. Y así, lo único que condenó al Bailando Kids a una sola emisión semanal fue la caída de rating. Hasta el público que le perdona todo a Marce empezó a darle la espalda a esa burda explotación de los niños disfrazada de “superación artística”. Aunque quizá no sea rechazo sino simple aburrimiento.
Entonces, las cosas cambiaron mucho... pero no han cambiado tanto. Cuando quienes ya pasaron por Tacuarentown se enfrentan a los festejos escolares del 25 de Mayo, les queda la impresión de que el tiempo se detuvo. El revisionismo histórico, el trabajo de desactivar ciertas fantasiosas historias oficiales, no ha hecho mayor mella en el recuerdo oficial de la efeméride, cuya liturgia se presenta intacta. Claro que no es fácil bajarles a los más chicos la complejidad de la Revolución de Mayo, pero resulta curioso cómo la vista del padre de hoy parece ponerse en blanco y negro, volver al patio de la propia escuela: ya no se toma distancia al estilo militar, ni se vigila el largo de los cabellos, pero allí están el negrito candombero, la vendedora de mazamorra, los patriotas queriendo cortar vínculos con España y French & Beruti repartiendo escarapelas celestes y blancas. Todo ello con cierto envaramiento ajeno a los lineamientos más progre que rigen en otras actividades escolares, y con el Himno y el ingreso de la bandera de ceremonias al son de una marchita militar que recuerda las peores pesadillas. Los pibes se divierten igual, pero todo parece apolillado.
Tampoco puede pretenderse todo: el revisionismo tiene sus bemoles y sus desafinaciones. Como las Canciones Patrias.
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Si el evento del domingo pasado en el Obelisco hubiera sido organizado por el gobierno nacional, no caben dudas de que se habrían visto en algunos medios las omnipresentes aclaraciones de que se hacía “a un mes de las elecciones” y con obvios propósitos demagógicos. Ello no sucedió con el acto proselitista del macrismo, forzando la celebración de un Bicentenario que en realidad es el año próximo, y en la que los afiches del GCBA buscaron apropiarse de los “valores” de la gesta de Mayo. Más allá de consideraciones políticas, la atracción principal eran las versiones dirigidas por Lito Vitale: Kevin Johansen y Pablo Lescano con “Himno a Sarmiento”, Juan Carlos Baglietto y No lo Soporto con “Mi bandera”, Emme y Mike Amigorena con “Himno a San Martín”, Hilda Lizarazu y Diego Frenkel con “Saludo a la bandera”, Alejandro Lerner, Los Tipitos y Andrea Alvarez con “Marcha de San Lorenzo”, y Patricia Sosa y Palo Pandolfo con “Aurora”. We are the world, we are the children.
La obsesión por acercar a los niños una lectura desacartonada de los himnos patrios tiene buenas intenciones, pero a menudo sus resultados no dejan mayor utilidad. Los ortodoxos se negarán a darles cabida, y hasta iniciarán campañas de desprestigio. Fue lo que le sucedió al dueto Johansen-Lescano, pero eso lleva a la segunda consideración, lo que les pasa a los no ortodoxos: ese “Himno a Sarmiento” espeluzna no por vulnerar los altísimos valores de la Patria sino simplemente por horrible, por el pegoteo sin ton ni son entre las variables de uno y otro artista. Al cabo, tras la paciente escucha en la página del Gobierno, tras ver las performances en el Obelisco, queda claro que la única perla en todo el asunto es la de Lizarazu-Frenkel, cuyas voces sensibles le dan una emotividad especial a una letra que apesta a patrioterismo.
Esa, en todo caso, es la cuestión: ¿por qué el rock (o la cumbia villera) debe cargar sobre los hombros la actualización de canciones tan milicas, tan utilizadas para ensalzar las virtudes de la Patria occidental y cristiana, referentes de una ideología con la que nunca comulgó? Cada músico ha encarado la convocatoria de Vitale como un trabajo (al que algunos ácidos comentaristas en Internet señalan como “muy bien pago”), y el ejercicio de la libertad artística habilita a estas decisiones y muchas otras más. Pero las canciones patrias que excitan a Mauricio Macri llevan al recuerdo de Luca ironizando “Yo quiero a mi bandera planchadita, planchadita, planchadita”, al escandalete de cuando Charly tuvo la idea de versionar el Himno (y se dio el gusto de arrancar con ese inolvidable “Huid mortales”, típicamente García), a la desconfianza con la que el rock siempre supo mirar los intentos de apropiación del establishment. Hace un par de semanas, un cable de noticias informó que Luis Alberto Spinetta se había negado a cantar el Himno Nacional Argentino por considerarla “una canción de guerra”: hubo quien leyó en eso la postura necesaria, pero poco después una agente de prensa desmintió todo y aclaró que al Flaco no lo habían convocado para el proyecto. Menos mal.
Gloria y loor: lindo nombre para un compilado.
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“Para mí el día suena, no pasa”, dijo días atrás a este diario Mariana Cincunegui, que acaba de editar otro disco de pura magia, alasmandalas. “Mucho estímulo genera un salirte de vos. Yo te enseño, vos recibís, pero de golpe estás recibiendo tanto que no sabés dónde quedaste. Y en las escuelas no hay un momento para parar y decir: bueno, ahora vamos para adentro. Matemática, geografía, recreo, patio, lengua, naturales, recreo, patio, más danza, astronomía, todo lo que tengan las escuelas copadas. Todo es de afuera hacia adentro. ¿En qué momento vuelvo a mí con todo eso? Porque la creatividad está adentro, ahí está la pulsión de crear”, señaló la música y pedagoga. Mientras tanto, los niños siguen en el centro de los estudios de marketing, con la sagrada banderita en la solapa, expuestos a las maquinaciones del star system o simplemente dejados de la mano del Estado y de los opositores que se sacan fotos con ellos y prometen el oro y el moro hasta que llegan al Estado y se olvidan. Niños atiborrados de información útil y de la otra, niños languideciendo de hambre de comida y de hambre de cultura. Niños a los que, con nuestras mejores intenciones, a veces olvidamos permitirles que simplemente se dejen ir, se abstraigan de nuestras taras.
Y que escriban en el cielo.
CARLOS TRILLO_UN MAESTRO DEL GENERO DE PASO POR BUENOS AIRES




“Para vivir del comic hay que remar, y yo he remado mucho”
La muestra del C. C. Recoleta es un buen resumen del peso que posee su obra: allí se exponen cien piezas que retratan a 25 personajes célebres, que incluyen al Loco Chávez, Cybersix, Clara de Noche, Alvar Mayor y el Caballero del Piñón Fijo.
Por Andrés Valenzuela
El fotógrafo pide al entrevistado que pose con un toallón playero de una señorita semidesnuda. Y el hombre acepta. “Años de ser un tipo serio y respetable tirados por la borda”, ríe y llama a reír. El objeto de los flashes es Carlos Trillo y la mujer semidesnuda, una de sus creaciones: Clara de Noche, la prostituta de historieta que anima las páginas de la revista española El jueves.
Con 66 años, Trillo sigue siendo un incansable guionista de historietas, lúcido en su mirada del medio y gentil con quienes le siguen la huella. No lo desvelan ni suben a una nube premios ni reconocimientos, a los que se acostumbró desde joven, cuando en 1978 los italianos le entregaron el Yellow Kid. Sólo en 2009 recibió tres distinciones. Fue finalista en Angoulême, el festival más importante de Francia, por su terrible El síndrome Guastavino (junto a un excepcional Lucas Varela), que aquí serializó la revista Fierro y en el Viejo Mundo se leyó bajo el título L’heritage du coronel. En la Argentina, el Museo del Dibujo y la Caricatura Severo Vaccaro lo distinguió con su Premio a la Trayectoria. El Festival Internacional de Historietas Viñetas Sueltas lo declaró su artista destacado y montó una muestra de 100 obras con “apenas” 25 de sus grandes personajes.
“Pero son premios del ambiente”, comenta, tratando de correrse del lugar privilegiado en que sus colegas lo ubican. Por la generosidad de sus consejos, su talento irrefutable y sus personajes entrañables, Trillo ciertamente ya dejó una marca fuerte en la historieta argentina. Los dibujantes lo llenan de elogios. Otros guionistas señalan su importancia en su carrera. Un destacado de la nueva generación, Diego Agrimbau, le reconoce su ayuda enorme para su desembarco en Europa. “Si me piden un consejo lo doy, pero no sé si decir que dejo ‘un legado’”, se encoge de hombros, para inmediatamente elogiar a dos de la generación que lo sucede. “Agrimbau es un tipo particularmente talentoso, y otro que es un monstruo, aunque casi no escribe historietas, es Pablo de Santis.”
¿Y de qué hablar con un hombre de casi medio siglo tipeando escenas y numerando viñetas para que los dibujantes hicieran lo suyo?
El dibujante y el narrador
–¿Cómo se hace para que en una exposición puedan poner 25 grandes personajes y que encima queden muchos afuera?
–(Trillo, que cobró por sus primeras historietas a los 19 años, sonríe levemente antes de responder.) 25, ¿es un número, no? Es que vivo de los comics hace bastante, y para eso hay que trabajar un montón, es como el periodismo, no se crea. Hay que remar. Uno ha remado bastante. Además hay dos lados: trabajos por encargo y personales. Creo que aprendí a ser muy versátil, porque hago desde historietas para niños que no saben leer en la revista Jardín hasta comic porno para Penthouse.
Claro que comic porno e historieta destinada a niños no son sus únicos campos. Los lectores de matutinos aún lo recuerdan por su excelente El Loco Chávez, que aparecía en la contratapa de Clarín durante la última dictadura militar. Los adictos a la pantalla chica aún se persignan ante la infame adaptación local de Cybersix (que creó junto al fallecido Carlos Meglia). Esa que se hizo en los ’90 con la actuación protagónica vergonzosa y vergonzante de Carolina Peleretti. Esa misma historia, además, fue la primera historieta argentina adaptada al animé. A veces en la historieta es difícil distinguir entre guión y dibujo. ¿Hasta dónde llegan las indicaciones del escritor? ¿Cuánto libre albedrío tiene el ilustrador? A Trillo le gusta el trabajo en equipo y la colaboración estrecha. “Siempre es mejor jugar a favor del dibujante –explica–, un guionista francés muy bueno, Pierre Christin (Valérian), dice que hacer un guión es como hacer un traje a medida del dibujante”, aunque matiza: “A veces el lápiz se esmera más”.
El argentino destaca al español Jordi Bernet (Clara de Noche) y a Cacho Mandrafina (El Caballero del Piñón Fijo –reeditado recientemente por Página/12– y otros): “Ni les tengo que poner indicaciones, ya sabemos cómo laburamos porque lo hacemos desde el fondo de los tiempos. En Viñetas Sueltas me propusieron hacer una charla con algún dibujante y yo propuse hacerla con el más viejo, Mandrafina, y el más joven, Pablo Túnica, que tiene 25 años y recién terminamos un álbum”, cuenta, refiriéndose a una historia de época y amores contrariados, ambientada durante la primera fundación de Buenos Aires, con un personaje deforme y escenas de canibalismo, que encantó a su editor francés y que el dibujante calificó como “muy divertida de dibujar”. La charla será hoy a las 17 en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930). “La colaboración es un tema que discutí mucho con (Juan) Bobillo, porque él me pedía el guión completo para después dibujarlo. Yo le decía que si en la página tres hacía un personaje secundario que me gustaba más de lo que pensaba, no lo podía cambiar”, acota.
Trillo no se cansa de elogiar a sus dibujantes. Como si su nombre se esfumara ante los trazos de sus compañeros de andanzas. “Mandrafina es de los dibujantes que hacen grandes aportes de imagen, de gestualidad a la historia sin cambiar una letra del guión”, aplaude a uno. “Varela es un monstruo de meticulosidad, trabaja dibujos cerrados y gana mucho con el diseño de cada página, con sus ideas gráficas”, destaca de otro.
Tipear dibujos
¿Pero cuál es el modo de narrar de Carlos Trillo? En principio, rehúye de las historias serializadas “a la italiana”. “En Italia hay un personaje muy famoso, el cowboy Tex, que siempre se va por un camino polvoriento. Yo no lo entiendo, ¿por qué el héroe se va siempre solo? ¿No tiene una mina que le guste? ¿De quedarse en la cama una mañana? Este Tex cogió una vez en 60 años, en un solo capítulo de un personaje con 2500 álbumes conoció a una mina, se enamoró, se casó, tuvo un hijo y la mina se le murió... y se sigue yendo por el camino polvoriento.”
Su mercado favorito es el francés, donde no sólo los editores cuidan a sus autores, sino que el mercado está pensado para la historieta de autor. “Los editores te piden novelas, no cuentos”, explica. En lo técnico, prefiere que la acción se trasluzca en los dibujos, evitando todo lo posible los cuadros de texto. Con ello se desmarca de la tradición imperante en la época de oro de la historieta argentina. “Había una editorial muy grande que se llamaba Columba y le pedían a los guionistas que pusieran mucho texto, para que el dibujante trabajara menos por cada página, y porque la revista te tenía que durar no sé, ponele que de Constitución a Temperley”, cuenta. “Así el guionista ponía algo así como estalló la batalla como un tembladeral de emociones y sangre y en la imagen el dibujante mostraba una mano con un hacha y listo, resuelta la batalla. Eso era feo de ver.” El, en cambio, apunta que siempre trató de resolver la acción desde el diálogo.
Quien había resuelto muy bien la imposición de incluir “mucho texto”, recuerda Trillo, fue Héctor Germán Oesterheld, el mítico autor de El Eternauta. “El pensaba una novela para doce páginas, la historia transcurría a lo largo de un año, con lo cual el texto se hacía necesario. Habría que escribir alguna vez de lo bien que le hubiera hecho a Columba que Oesterheld hubiera trabajado más tiempo con ellos.”
Esto no es un testimonio
“Yo no estoy interesado en el testimonio político o ideológico”, aclara tajante Trillo. “En todo caso me interesa el de época, en ironizar sobre cosas de los tiempos que voy viviendo.” En su carrera muchas veces le han señalado el poder metafórico de sus historias. En plena guerra de Malvinas, en El Loco Chávez un inversor inglés pretendía comprar un edificio pese a la resistencia de los vecinos. Para los lectores era una metáfora elocuente del conflicto, pese a que Trillo y Horacio Altuna tenían preparado un colchón de tiras para tres meses, pues el dibujante iba a radicarse en España.
El mismo guionista aporta otra anécdota similar. “Una historia que hicimos con Mandrafina y que aquí se conoce poco, los Spaghetti Brothers, es sobre una familia de italianos, un cura, un gangster, un policía y dos mujeres, una actriz de cine porno y la otra ama de casa que asesina por encargo de su amante”, plantea. “A mí me divertía la idea de que el cura le pegara con la cruz en la cabeza al gangster cuando se mandaba alguna cagada. Me reía mucho, y hoy me dicen que es un gran testimonio de época, ¡yo ni siquiera había ido a Estados Unidos!”
Sin embargo, reconoce que “algo debe haber” en sus historias para que la gente se deje seducir por ellas. “A veces pasa que el que tiene ganas de que le digan algo, se lo dice él mismo y te lo enchufa a vos”, especula. En algunas de sus obras el trasfondo social es innegable. Es el caso de Chicanos, que realizó junto a un excelente dibujante rosarino, Eduardo Risso. “Originalmente iba a llamarse Bolita y era una inmigrante boliviana detective en Buenos Aires. Era detective, pero claro, una morocha y encima fea, no una rubia bonaerense, entonces aunque era un fenómeno resolviendo casos, la discriminan todo el tiempo.” El editor, un italiano, le explicó que sus compatriotas no podrían comprender las referencias geográficas, así que el relato se terminó ambientando en Nueva York y la protagonista resultó, claro, una chicana. “Encima era una desgraciada con mucha mala suerte personal, el día que un rubio de ojos celestes se enamora de ella en serio porque puede ver su belleza escondida, la pisa un colectivo, ¡dos veces! Pero es así, hay gente que tiene mala suerte en la vida por portación de cara.”
Para quienes no conozcan a la protagonista de Chicanos ni sepan qué personajes aparecían en Cosecha verde. Para los que quieran recordar la redacción de la que Chávez escapaba para levantarse un minón o prefieran saltar a la aventura con Alvar Mayor, la oportunidad estará vigente hasta mañana en el C. C. Recoleta, con originales y reproducciones de quienes trabajaron codo a codo con Trillo.