jueves, 8 de octubre de 2009

El Museo Británico pregunta: ¿Quién mató a Moctezuma?


El Museo Británico revisa las circunstancias de la muerte del último emperador azteca.

Por: Rafael Ramos* - Londres

DIOS DEL SOL. Máscara de mosaico turquesa (1400-1521), uno de los objetos de la exposición Moctezuma: Emperador azteca, que representa probablemente a Tonatiuh, como se denominaba el dios del sol.

El Museo Británico dedica la temporada de otoño al revisionismo histórico. Con su amplio bagaje de conocimientos en materia colonial - buena parte de su maravillosa colección no estaría en Londres de no haber sido gracias al imperio-,ha decidido investigar a través del arte la relación entre españoles y aztecas, la conflictiva figura de Moctezuma y las misteriosas circunstancias de su muerte. La recién inaugurada exposición es casi más intrigante que un thriller de Stieg Larsson.

¿Fue apedreado el líder mexica por su propio pueblo después de una matanza de nobles, acusado de colaboracionismo con los invasores? ¿Se suicidó con el orgullo herido, incapaz de soportar su vergüenza, ansioso de redención? ¿O acaso lo mataron los españoles una vez que les había servido el poder en bandeja y ya carecía de toda utilidad? El British abre de par en par las puertas a esta última teoría conspiracionista, aunque - como diría un abogado defensor norteamericano-basándose exclusivamente en indicios y pruebas circunstanciales, suficientes para elaborar una teoría pero no para pronunciar un veredicto. Ni siquiera se sabe a ciencia cierta qué pasó con su cuerpo.

El principal museo público del Reino Unido - y uno de los más importantes del mundo-se conforma con plantear preguntas sin esperar una respuesta, y lleva a cabo su juicio con la ayuda de manuscritos del siglo XVI, procedentes de Ciudad de México y Glasgow, con ilustraciones que describen a un Moctezuma encadenado y con una soga en torno al cuello, subido a un balcón, cautivo en apariencia del invasor. Es sólo uno de los testimonios, dentro de una ambiciosa exposición que pretende reivindicar la figura del guerrero azteca, denostado como el Chamberlain de su época, que ya fuera por indecisión o error de juicio colaboró con el enemigo y se convirtió en marioneta de Hernán

Cortés en vez de luchar contra la agresión imperial que venía de allende los mares.

La fabulosa exposición tiene dos lados, el político y el meramente artístico, que interaccionan y se complementan. El primero, apoyado en documentos como el Códice Durán de la Biblioteca del Palacio Real de Madrid o el Código Mendoza de Oxford (así nombrado en honor del primer virrey de Nueva España), explora el contexto histórico, las siniestras premoniciones que precedieron a la llegada de los españoles, la importancia de Tenochtitlán como una ciudad de doscientos cincuenta mil habitantes a principios del siglo XVI - algo que no existía en Europa-,el papel del linaje y la religión en la cultura azteca, el expansionismo militar de Moctezuma, los ambiciosos proyectos arquitectónicos... El segundo son casi un centenar y medio de piezas procedentes de veintitrés museos de todo el mundo, más la propia colección del British.

Máscaras, cráneos, una serpiente de dos cabezas con incrustaciones de turquesas, ornamentos rituales, armas, libros, mosaicos, maquetas arquitectónicas (como la del Gran Templo), piezas de orfebrería y la pirámide de piedra volcánica conocida como el Teocalli de la Tierra Sagrada - símbolo del poder de Moctezuma y que por primera vez ha viajado fuera del país-enriquecen una exposición organizada en colaboración con el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México. Catorce objetos de oro hallados hace poco en el curso de unas excavaciones han sido interpretados como ofrendas de oro a los dioses a la entrada de una tumba real.

"Moctezuma es una figura trágica con una reputación muy ambivalente - dice Colin McEwan, el comisario de la exposición-.Pero nosotros hemos querido mostrar su otra cara, la de un gobernante que reinó durante casi veinte años una sociedad sanguinaria pero enormemente sofisticada para su época, expandió el imperio mexicano con un poderoso ejército, y llevó a cabo un gran programa de monumentos públicos hasta que por mar llegaron unos extraterrestres con yelmos, armaduras y trajes brillantes, y su mundo se vino abajo".

Cobarde o valiente, héroe o villano, colaboracionista o resistente, traidor o mártir, Moctezuma provenía de una tradición imperial y tenía una agenda de poder que chocó frontalmente con la de Hernán Cortes y los ejércitos españoles. Fue una colisión titánica cuyas chispas han llegado siglos después a Londres, y prenden ahora en el Museo Británico.

De Turner a Kapoor
El maestro impresionista y el escultor de vanguardia completan el otoño londinense

De los preámbulos del impresionismo a lo rabiosamente contemporáneo, sendas retrospectivas de Turner y Anish Kapoor completan junto a Moctezuma el podio de la temporada museística otoñal de Londres. La Tate Britain de Pimlico yuxtapone obras del máximo exponente del temprano impresionismo británico (1775-1851), con los de una treintena de artistas (Poussin, Tiziano, Canaletto, Rembrandt, Rubens, Veronese o Watteau) en cuyas obras se inspiró, o incluso adaptó.El llamado pintor de la luz representa ese romanticismo inglés que creó una estética propia, fue generoso pero crítico con los predecesores que admiraba y a la vez intentaba superar, y les rindió homenaje tanto con el pincel como con la palabra. La exposición reúne por primera vez en una misma sala obras del competitivo Turner con el famoso cuadro La inauguración del puente de Waterloo,de su contemporáneo John Constable, con el que con frecuencia ha sido comparado.
La Royal Academy, mientras tanto, se entrega a los efectos visuales, el arte-espectáculo y los experimentos sensitivos, con una retrospectiva del escultor de vanguardia Anish Kapoor, nacido en Bombay. Unas esferas de acero brillante de quince metros de altura reciben a los visitantes en el patio del museo, por primera vez dedicado íntegramente a una instalación contemporánea. Una masa de cera roja que imita un vagón de tren recorre cinco salas de la Royal Academy. Un cañón manejado por artificieros dispara a intervalos regulares una munición de cera y vaselina de color rosa. Un espejo cóncavo de acero inoxidable distorsiona o invierte las formas.

No hay comentarios: