domingo, 7 de febrero de 2010

LOS MEDICOS DE LA FICCION: Los nuevos superhéroes


Los médicos siempre ostentaron un aura impoluta en las ficciones televisivas. Ahora, surgen personajes más oscuros como el del ya consagrado Dr. House o el Dr. Gallagher de "Mental". Aquí, la mirada de un psiquiatra y psicoanalista, que advierte que las series todavía reflejan nuestro mayor anhelo: un médico que jamás falle.

Por: Juan José Gennaro*

DR. KILDARE. Uno de las primeras representaciones de los médicos como superhéroes.


¿Una persona herida? ¿Un narcisista? ¿Un hipersensible revestido de una coraza protectora? Es la personalidad compleja y complicada de este icono televisivo, para el autor de este artículo.


Desde que la televisión llegó a nuestro país hay profesiones que han estimulado la fantasía colectiva: los detectives y policías, los abogados y los médicos. Los dos primeros personifican la encarnación de la Justicia y la Ley de los hombres. Los médicos heredan el halo mágico de los antiguos chamanes y curanderos, árbitros ambiguos de la sutil frontera entre la vida y la muerte. Todo empezó en los años cincuenta con el sueño americano, por lo tanto los personajes, eran héroes míticos, vale decir, héroes perfectos, casi semidioses. En el tema que hoy nos ocupa los médicos, eran representados por los legendarios Dr. Kildare y Ben Casey, hombres dedicados en cuerpo y alma a sus pacientes, buenos mozos, bondadosos, de una ética intachable y, por supuesto, infalibles, en una palabra, poseían sólo virtudes.

Eran modelos que correspondían a los mismos cánones que la arquetípica pareja Kennedy. Luego sobrevino la llegada a la luna, la culminación de la guerra fría, la globalización...para algunos el fin de la historia y con ello, el vertiginoso salto a la postmodernidad, con sus excesos y ambigüedades, la caída de valores, la alteración de los roles, la problemática de los géneros, la liquidez de los vínculos, la supremacía de la imagen y los deslizamientos transgresivos.

Los personajes que hoy nos interesan son dos, uno del ámbito de la medicina interna: Dr House y otro perteneciente a la psiquiatría, Mental con el Dr. Gallagher. Ambos desarrollan su tarea en hospitales con tecnología avanzada, ambos presiden grupos de colegas, ambos mantienen una relación especial, frecuentemente conflictiva, con la administración del hospital sorprendentemente femenina, aunque la jerarquía superior siga perteneciendo a los hombres. Con Mental hay una novedad digna de mención y verdaderamente auspiciosa: por primera vez aparece el universo de la enfermedad mental que desde siempre representa un mundo cerrado, silenciado y excluido. Cabe destacar que más allá del trabajo médico ambos jefes y equipos se dedican con entusiasmo a una labor detectivesca que excede los límites del hospital para entrar en el ámbito privado de sus pacientes....nada más alejado de la realidad. Una concesión clara a la ficción. Pero veamos detenidamente...

¿Que hace sonreír al Doctor Gallagher? Joven, seductor, inteligente, el brillante psiquiatra promovido de manera fulgurante al cargo de Director de un servicio de salud mental, a pesar que un puesto de tal responsabilidad, en un medio como el nuestro, sería incompatible con su evidente juventud, ya que esta implica sin duda el entusiasmo y la creatividad pero no la necesaria experiencia práctica ni el suficiente conocimiento teórico que exige una disciplina tan compleja como la psicopatología. Cuesta imaginar a un jefe de servicio llegando al hospital con una moderna bicicleta como medio de transporte! Sin embargo nuestro emblemático psiquiatra parece atravesar las situaciones más trágicas encaramadas en certezas imperturbables. Sus colegas lo observan al principio con una mezcla de perplejidad escéptica mientras nuestro « psi » evoluciona de manera extravagante, sin vacilar en algunas oportunidades, a transponer límites inexcusables: poco importan las leyes, las precauciones elementales, el cuidado y la prudencia, el Dr Gallagher sabrá descorrer de una manera casi mágica los pesados cortinados que ocultan la verdad detrás de las engañosas apariencias. Los enigmas se disuelven, los síntomas desaparecen como por encantamiento, y nuestro joven psiquiatra triunfa rodeado de la admiración de sus asombrados colegas, enarbolando su permanente sonrisa que sería arrogante y despreciativa si no fuera por la imagen casi angelical e ingenua del personaje. Un verdadero superhéroe de nuestros tiempos postmodernos, con altos ideales humanistas pero con obscuras aristas transgresivas. Sin embargo, a pesar de sus éxitos fulgurantes en el desentrañamiento de casos complicados nuestro seductor psiquiatra encuentra un límite a su omnipotencia revelándose incapaz de ayudar a su hermana Becky agregando con esto un perfil humano al personaje. Como psiquiatras y psicoanalistas rescatamos su escucha, su comprensión, su empatía, su mirada esperanzada y algunos, sólo algunos, de sus métodos. Mucho nos gustaría que el mundo psíquico perturbado pudiera repararse con una ingeniosa intervención, breve y siempre espectacular en su factura y su eficacia. No es así en la realidad de nuestra práctica. Los cambios exigen tiempo, esfuerzo y paciencia. Muchas veces nos enfrentamos al desaliento, la monotonía, las repeticiones que imponen la inercia de los síntomas y la resistencia al cambio. Aprendemos a soportar el no entender y saber esperar y respetar el tiempo de elaboración del paciente. En resumen, Mental nos ofrece un ejemplo romántico de nuestra profesión para mirar, pero no para emular.

Al mismo tiempo o mejor dicho, en otro hospital y en otro canal, se nos ofrece una versión diferente del médico superdotado. Se trata del Dr House. Tan brillante e infalible como el primero, éste tiene, en cambio, la virtud de sus defectos. Malhumorado, frecuentemente desaliñado y con una barba que no parece simpatizar demasiado con la afeitadora, arrastra un cuerpo claudicante, sostiene una renguera crónica con su omnipresente bastón, metáfora inteligente de un dolor crónico que intenta atenuar con un medicamento que lo ha llevado sin reparo alguno a la adicción. Sin embargo acierta y cura. En este caso sí es adecuada su edad para tanta experiencia y conocimientos aunque resulte un tanto enigmático el extravagante poder de seducción que parece dejar sin aliento por igual a pacientes y colegas. Poco importan sus investigaciones poco ortodoxas que no respetan ni los permisos jerárquicos, ni el sufrimiento de los pacientes. Para él es crucial el diagnóstico correcto que salva una vida a cualquier costo y un juego sarcástico, frecuentemente cínico, que desafía la inteligencia de los miembros de su equipo. ¿Una persona herida? ¿Un narcisista? ¿Un hipersensible revestido de una coraza protectora? Es la personalidad compleja y complicada de este hombre torturado que nos seduce con su humor irónico, corrosivo y su tranquilizadora infalibilidad. ¡Al fin y al cabo todos queremos ver un médico que jamás falla!

Por cierto, aquí también la ficción supera y deforma la realidad. Si bien es sobre todo en los centros hospitalarios donde se observan las patologías más raras y los diagnósticos más complejos, no cabe duda que en estas series se soslaya lo que constituye la masa fundamental del trabajo clínico : la patología banal, las rutinas diagnósticas, los gestos repetitivos que exigen sin embargo, la necesaria dedicación atenta y abnegada del personal médico y paramédico en la ayuda y el alivio de síntomas y padecimientos que están muy lejos de los ditirámbicos y extravagantes casos del Dr. House y que permiten que este personaje despliegue sus brillantes conocimientos y satisfaga su insaciable narcicismo. Cabe destacar la amistad del Dr. House con el sensible y considerado oncólogo y psiquiatra Dr Wilson que permanentemente intenta rescatarlo de su terca racionalidad.

En ambas series más allá del personaje principal, los personajes secundarios constituyen un verdadero muestrario de personalidades reales con sus conflictos y fragilidades. Los pacientes no son sólo víctimas de la enfermedad que padecen sino hombres, mujeres y niños que completan una real versión de la condición humana. Finalmente el aspecto puramente científico no es más que un pretexto para el despliegue de múltiples situaciones vitales que a todos nos angustian, y nuestros médicos, héroes que intentan encontrar soluciones puntuales y espectaculares pero que no impiden el desarrollo del drama humano. Tanto los profesionales como los pacientes y sus allegados seguirán siendo como son, es decir, el mezquino, mezquino; el mentiroso, mentiroso; el noble, noble. Y aquí la ficción se entremezcla con la realidad y las series adquieren un valor metafísico que las trasciende.

*Juan José Gennaro es médico psiquiatra, miembro de Société Psychanalytique de Paris y de APdeBA (Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires).


El éxito de la Filosofía de House, también en español

Podría decirse que el Dr. Gregory House es el antihéroe más desafiante y complejo en toda la historia de la televisión, pero ¿existe algo más que materia gris y ego para este genio engreído? Tal es la pregunta que se hacen y responden William Irwin y Henry Jacoby, en su exitoso libro La Filosofía de House. Todos Mienten, que es un éxito de ventas en los EE.UU. y que sólo en México lleva vendidos 60 mil ejemplares. La obra analiza la serie Dr. House con el fin de explicar sus bases filosóficas y la conducta extravagante de su protagonista gruñón.
Se trata de un personaje compuesto por pedazos de Sherlock Holmes, Sócrates, Nietzsche y la retórica taoísta, y no es tan retorcido como uno creería. Desde Aristóteles hasta el Zen, un libro para los devotos de este genio misántropo y su equipo en el Hospital Princenton-Plainsboro.

FICHA.

La filosofía House. Todos Mienten.
256 páginas. PVP $ 59.80
Editorial Selector de México (distribuye en Argentina Ediciones Continente)

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