viernes, 1 de mayo de 2009

EKATERINA MAXIMOVA MURIO A LOS 70 AÑOS




Adiós a una gran bailarina

Emblema del Teatro Bolshoi, pareja de Vladimir Vasiliev, la rusa fue una artista excepcional.

Por: Laura Falcoff
La gran bailarina rusa Ekaterina Maximova murió en Moscú el martes pasado; tenía setenta años y se encontraba hasta hace muy poco tiempo en plena actividad como maestra y directora de ensayos en el Teatro Bolshoi. Había sido precisamente en la escuela de este célebre teatro moscovita donde Maximova comenzó su formación. Luego, cuando tenía diecinueve años, ingresó a la compañía de ballet y a partir de allí su carrera avanzó velozmente. Para su primera Giselle, Maximova fue preparada por Galina Ulanova, una de las más grandes intérpretes del ballet del siglo XX y quien siguió acompañándola a lo largo de casi toda su vida escénica. La misma Ulanova había descubierto también el excepcional talento de Vladimir Vasiliev en la escuela del Bolshoi. Como bien se sabe, Vladimir Vasiliev y Ekaterina Maximova fueron marido y mujer -se conocieron en la adolescencia- y una pareja artística legendaria; su renombre en la Unión Soviética pasó a ser internacional gracias a las giras por Occidente del Ballet Bolshoi, que comenzaron en la década del 70. Llegaron a la Argentina por primera vez en 1977 y regresaron varias veces, habitualmente al Teatro Colón, y siempre con una extraordinaria respuesta del público.

Katia, como la llamaban sus amigos y sus admiradores, fue una bailarina exquisita y completa; una de las más célebres Giselle de su generación, poseía una técnica depuradísima y una gran versatilidad interpretativa. Bailó todos los grandes roles académicos pero también se interesó por ensanchar su repertorio con obras de Maurice Béjart y John Cranko. Su marido creó para ella los papeles femeninos de Icare (1976) y de Aniuta, estrenada originalmente en 1986 y que pocos años después fue montada en el Colón.

Dotada de propias y maravillosas cualidades como bailarina, Ekaterina Maximova pareció sin embargo vivir un poco a la sombra de Vasiliev, cuya poderosa personalidad y su valía artística fuera de lo común se presentaban siempre en primer plano. Katia deslumbraba en el escenario; fuera de él, y al menos públicamente, era una mujer tímida y reservada. Pero así como el entendimiento entre ellos era perfecto en el plano interpretativo, esta perfección no alcanzaba a su relación en el trabajo: "Siempre nos hemos peleado mucho -contaba Vasiliev hace pocos años-, sobre todo en los ensayos. ¿El más belicoso? Ambos. Uno se atreve a decirle a alguien con quien tiene mucha confianza aquello que nunca le diría a un extraño". La pareja fue retratada en un excelente documental -Katia y Volodia-, filmado por Dominique Delouche en 1989.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Agradezco a Dios la oportunidad de haberla visto, junto a Volodia, en cada oportunidad en que actuaron en Buenos Aires, en el Colon y en el Liuna Park. Estoy llorando ante el recuerdo de ellos.