sábado, 25 de julio de 2009

LA BELLEZA SALVAJE DE BEATRICE DALLE



Dalle de jour







Por Mariana Enriquez

Tenía 21 años en Betty Blue. Era 1986 y parte de una generación se enamoró de ella haciendo de loca, con un tatuaje en la espalda que no se veía del todo, y eso a pesar de que Beatrice Dalle estaba tanto tiempo desnuda durante esa película en la que clavaba cuchillos, rasgaba mejillas con peines, se cortaba el brazo, incendiaba una casa y secuestraba a un niño; esa película en la que empezaba burbujeante y terminaba catatónica. Antes de Betty Blue, Beatrice era una celebridad anónima del ambiente punk parisino. Se había escapado a los 14 de Brest, su ciudad natal de Bretaña, y cuando se hizo famosa ya estaba casada con un pintor del que se divorció pronto. Pero conservó el apellido, y decidió no abandonarlo nunca cuando él se suicidó. Loco por ella, dicen.

Beatrice Dalle no es una elegante belleza francesa, no es Audrey Tautou ni Vanessa Paradis ni Juliette Binoche. Beatrice Dalle es una bestia, hermosa como una felina salvaje, es decir: es bello ver a una leona caminando en toda su gloria, pero el panorama cambia cuando la gran gata tiene que alimentarse y destroza un antílope, y entonces se le ven los dientes, los rugidos, el hambre. Sigue siendo linda, pero más vale tenerla lejos, más vale que ella se quede en su reino, porque compartirlo puede ser peligroso. A Beatrice Dalle le dicen “la gran boca” y no porque hable de más (o no solamente) sino porque tiene en efecto una boca enorme, de grandes dientes, con las paletas tan separadas que podrían aferrar un cigarrillo, y los labios amplios y desdeñosos. Rupert Everett fue su amante y dijo: “Ella era hermosa y horrible. Si le tiraba el pelo para atrás, su cabeza tenía la forma de la de un elfo del bosque. Pero era bella, y se trataba de una belleza que al mismo tiempo abrevaba en las meseras iluminadas por lámparas de gas de Manet y la París de entreguerras. Una belleza pre botox, sin entrenamiento”.

La divina Beatrice vivió diez años con un rapper llamado Joeystarr, estrella del género en Francia, un chico que supo vivir en las calles (y en las catacumbas y los túneles que serpentean debajo de París). Una vez fue presa por robarse joyas y meterlas en sus altas botas. Otra por tenencia de estupefacientes. La última fue en Miami por tenencia de cocaína, mientras filmaba con Abel Ferrara. Desde entonces es “visitante no grata” en Estados Unidos. Igual, a pesar de que no pudo repetir el éxito de Betty Blue, su presencia carnívora provocó turbulencias en películas de Assayas, Haneke, Jarmusch y especialmente Claire Denis, que volvió a fetichizarla y la retrató como mujer caníbal-vampira en Trouble Every Day (2001) donde era Coré, una ex científica que había probado una medicina que le desataba el deseo hasta llegar al hambre: en la película se come a un chico que osa intentar ingresar a su casa (vive encerrada, al cuidado de su marido, el impresionante actor negro Alex Descas). Coré se la pasa cubierta de sangre y apenas puede hablar. Pocas veces una actriz y una directora se embarcaron en un retrato tan valiente de la violencia del deseo.

En 2006, Beatrice se fue a hacer trabajo voluntario a una cárcel. Allí conoció a su hasta hoy marido Guénail Meziani, preso por golpear y violar a su novia. La prensa francesa espera el desenlace de una pasión que consideran el peor error. Y ella da más miedo que nunca ahora que filmó A l’Interieur de Julien Maury y Alexandre Bustillo (Inside según la edición directa a DVD local) donde interpreta a La Femme, vestida de negro, entre reina gótica y motociclista nocturna; una mujer sin nombre que quiere quitarle el bebé del vientre a una embarazada (sin que medie el parto). Inside es una de las películas más gore que se hayan rodado alguna vez. Beatrice rabiosa y con tijeras se las arregla para encabezar el mayor baño de sangre del cine francés. Al principio, La Femme es muy chic. Pero más tarde, entre gritos y crueldad extrema, cuando mira a través de su largo y fino pelo negro, las mejillas ensangrentadas, sus labios entreabiertos revelan a una predadora, a una mujer lobo.

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